Capítulo segundo: del celoso empedernido
Estimado lector, disponéos ahora a empezar la lectura del segundo capítulo de aquestos pergaminos escritos con pus sobre piel putrefracta; disfrutad de estas verbas enfermizas y desplorables, pues hoy hablaré, humildemente, sobre el diablo encarnado bajo la forma del Perfecto Imbécil investido con los poderes de los Celos Infinitos y el Poder de Hacer Rabiar a su Novia; puesto que escribo estas líneas inspirado por haberme encontrado con tales especímenes, y haber sobrevivido al encuentro con ese diablo surgido del más triste de los infiernos.
Puesto que, y juzgue el lector, ¿en qué humana testa cabe que alguien pueda ser tan gilipollas -permitidme la licencia de usar tan arcano adjetivo- como para prohibir a su novia que cualquier chico le llame por teléfono, o le mande un sms, aunque sean amigos incluso de antes de empezar su relación, y encima insista en andar revisando su móvil? ¿Cómo puede prohibirle que le hablen por el messenger representantes masculinos de la raza humana? ¿Cómo puede ser tan egoísta que ningún hombre que no sean sus clubes de amiguitos puede hablarle a su novia, que por cierto, no es una figura de cristal que se rompa fuera de la vitrina?
Y aún más allá, ¿cómo puede ser una mujer tan imbécil de consentirle eso, cuando se pasa la mitad del día sola? ¿Cómo puede aguantarle y consentirle eso y seguir hablando bien de él. defenderme y afirmar que le entiende? Pero luego, dicha mujer tiene amigos a escondidas, amigos que tienen un horario para llamarle, que se tienen que atener a diez mil normas para hablar con ella... ¡amigos, colegas, conocidos de preguntar por su vida y echar unas risas! No hablemos ya de adulterios tales como invitarle a tomar un café, ¡herejía!
Dejemos entonces mejor, a un discreto margen del asunto, la facilidad de dicha dama para abrirse de piernas a otros galanes o a otras damas, siempre, por supuesto, con la fidelidad ad hoc de su amor para con su Inefable pareja.
Y es que en mi humilde opinión la Inquisición ofrece grandes remedios para curar tales males de la mente y el cuerpo, y es que quizás el Guardián de la Sacrosanta Doncella debería hallar la luz en el uso de artefactos de purificación tales como la cuna de Judas, la rueda o el potro, o recibir un cheque regalo por una sesión de bronceado en la Hoguera. Y en cuanto a la mujer... Quiero tener fe en que una sesión de masaje rótulocraneal debería bastar para quitarle la tontería.
Puesto que, y juzgue el lector, ¿en qué humana testa cabe que alguien pueda ser tan gilipollas -permitidme la licencia de usar tan arcano adjetivo- como para prohibir a su novia que cualquier chico le llame por teléfono, o le mande un sms, aunque sean amigos incluso de antes de empezar su relación, y encima insista en andar revisando su móvil? ¿Cómo puede prohibirle que le hablen por el messenger representantes masculinos de la raza humana? ¿Cómo puede ser tan egoísta que ningún hombre que no sean sus clubes de amiguitos puede hablarle a su novia, que por cierto, no es una figura de cristal que se rompa fuera de la vitrina?
Y aún más allá, ¿cómo puede ser una mujer tan imbécil de consentirle eso, cuando se pasa la mitad del día sola? ¿Cómo puede aguantarle y consentirle eso y seguir hablando bien de él. defenderme y afirmar que le entiende? Pero luego, dicha mujer tiene amigos a escondidas, amigos que tienen un horario para llamarle, que se tienen que atener a diez mil normas para hablar con ella... ¡amigos, colegas, conocidos de preguntar por su vida y echar unas risas! No hablemos ya de adulterios tales como invitarle a tomar un café, ¡herejía!
Dejemos entonces mejor, a un discreto margen del asunto, la facilidad de dicha dama para abrirse de piernas a otros galanes o a otras damas, siempre, por supuesto, con la fidelidad ad hoc de su amor para con su Inefable pareja.
Y es que en mi humilde opinión la Inquisición ofrece grandes remedios para curar tales males de la mente y el cuerpo, y es que quizás el Guardián de la Sacrosanta Doncella debería hallar la luz en el uso de artefactos de purificación tales como la cuna de Judas, la rueda o el potro, o recibir un cheque regalo por una sesión de bronceado en la Hoguera. Y en cuanto a la mujer... Quiero tener fe en que una sesión de masaje rótulocraneal debería bastar para quitarle la tontería.


1 Comments:
Como dices, estas cosas antes no pasaban. Había un grupo de gente muy inteligente que se encargaba de velar por la cordura humana: recibían el nombre de Santa Inquisición.
Por cierto, tal para cual el tío y la tía, alguien que deja que le hagan eso la verdad es que termina mereciéndoselo por no pararle los pies a un retrasado mental y seguir saliendo con él.
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